Hablar del Karakórum es hablar de alpinismo con mayúsculas. En sus agrestes paisajes se integran las montañas más bonitas y complejas del mundo. ¿Quien no ha oído hablar del K2, el Nanga Parbat o los Gasherbrums?. Tanta belleza ha cautivado siempre a alpinistas y amantes de la montaña del mundo entero que, cómo en el Himalaya, acuden cada temporada en busca de aventura.

Al igual que ocurre en la cordillera vecina, no hay expedición que no se aúpe sobre las espaldas de los porteadores locales. Este «turismo» de montaña se ha convertido en una de las principales actividades económicas de la región y no son pocos los habitantes que esperan con interés la llegada de las expediciones.

Sin embargo, esta llegada de alpinistas occidentales a sus valles no ha traído solo beneficios económicos. Este choque de culturas ha traído también cambios de calado para la población local que, gracias a la actividad filantrópica de algunos de estos alpinistas, ha visto mejorada su forma de vida.

Sebastián Álvaro y Little Karim

Éste es el caso de Sebastian Álvaro, que no deja pasar un verano sin visitar el valle de Hushé y a sus gentes. Su historia con el valle se remonta a más de 30 años atrás, cuando visitó el Karakórum por primera vez. Ahí se sorprendió con la lealtad y fortaleza de sus habitantes y trabó amistad con Little Karim (al que recientemente ha acompañado en una visita por España).

Fue este amigo baltí quién hace años le animó a comenzar un proyecto de cooperación en su aldea. El creador de «Al Filo de lo Imposible» recogió el guante y empezó a dar forma al proyecto, implicando en él a la gente de la Asociación Sarabastall. También recabó ayudas económicas tan importantes para el proyecto cómo las de la Fundación José Ramón de la Morena, la clínica MAZ  o la Diputación de Aragón.

Su trabajo en el valle se centra en tres grandes áreas: la agricultura, la educación y la sanidad. Cabe destacar también la creación de un refugio-hotel de montaña cuyos ingresos están destinados a becas educativas, haciendo así que el área más sensible del proyecto sea menos dependiente de ayudas.

Todo este esfuerzo de años ha dado sus frutos y así podemos hablar de un incremento de mas del 30% de la producción agrícola, un 93% de niños escolarizados -y mas de 200 becas- o la formación en España de personal sanitario, lo que ha redundado en la salud del valle con más de 5000 pacientes atendidos.

Refugio Hushé

Sin embargo, Sebas -al igual que hace en montaña- sigue explorando vías nuevas. Este verano, como no podía ser de otro modo, ha vuelto al baltistán con un propósito en la cabeza: el de la integración de las mujeres de Hushé.

Y es que la vida de estas mujeres no es fácil en el valle. Allí no es raro ver a chicas de 14 años -niñas a nuestros ojos- llevando el peso de su familia. Además ciertos trabajos, cómo los de montaña, les son vedados en una sociedad con grandes desigualdades de género.

Para dar visibilidad al importante papel que juega la mujer en su sociedad y para ayudar a su incorporación al motor económico que supone la actividad de montaña, Sebas se propone formar y llevar de expedición a tres chicas baltíes: Amina, Alum y Sudiqa.

Para ello le acompaña en éste viaje Miriam Marco, una de las pocas chicas guías de montaña. También van con él miembros de la Asociación Española de Imagen Cardíaca quienes, de la mano de Sebas, quieren realizar un estudio científico que arroje luz sobre la excelente adaptación a la altitud de la población local.

Desde aquí les deseamos todo el éxito posible en esta aventura y lo seguiremos con atención. Y es que no todas las grandes hazañas que se realizan en las montañas y nos dejan poso, tienen que ver con vertiginosas ascensiones.


Aitor Tilla

"El alpinista es quién conduce su cuerpo allá dónde un día sus ojos lo soñaron" - Gaston Rebuffat

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