Charo Álvarez (@charoalvarez) – La historia que hoy os traigo no es muy conocida, pero nos hará volar al año 1858 cuando Nina (la joven inglesa que protagoniza esta historia real) llega a la India siguiendo a su esposo (un capellán castrense destinado a la región de Darjeeling).

Darjeeling

En aquellas tierras encuentra todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada, le costó un tiempo adaptarse al calor pegajoso a los olores tan distintos de su querida Inglaterra, todo era tan peculiar que en su situación cualquier otra dama se hubiese pasado el día lloriqueando ante semejante golpe de realidad, sin embargo, Nina miraba el mundo que la rodeaba con verdadero entusiasmo. Frente a la adversidad unió sus dos pasiones, saliendo a caballo descubría cada día una zona distinta que luego plasmaba en lienzo con sus acuarelas.

Cada vez más familiarizada con el entorno cada día iba más lejos.

Hasta que un día llega a la Colina del Tigre (a 12Km de donde vivía), allí Nina descubre a los lejos las altas montañas, el paisaje que ve la entusiasma hasta el punto de olvidarse de todo…hasta de dibujarlo.

Ya no podría olvidar esa visión, tenía que ir a las montañas….

Mientras galopaba hacia su casa, urdía su plan, de momento no le diría nada a su esposo, eran tiempos en los que a las mujeres no se les tomaba muy en cuenta…. pero en los meses siguientes volvería una y otra vez.

A sus oídos había llegado la noticia de que se había descubierto el pico más alto del mundo, al que llamaron Pico XV y al que dieron una altura aproximada de 8.840.

Llena de valor por fin le expone a su esposo la idea: Quiere explorar la zona de las montañas.

La reacción del esposo es de incredulidad, incluso la califica de irracional, Nina no se acobarda y describe a su esposo lo maravilloso que sería dormir juntos bajo las estrellas.

El reverendo terminó la conversación aseverando que morirían de frío.

Nina sabía en qué puntos tocar para conseguir lo que quería, por lo que en píldoras diarias iba desgranando su plan, hasta el punto de cartearse con su familia avisándoles de lo que estaba a punto de hacer.

Tan insistente fue Nina, que el esposo acabó por darle el sí, pero el que se les da a los niños pequeños para que se callen, sí, pero…. no.

Lo que menos imaginó el reverendo fue, que ese si supuso el pistoletazo de salida de una de las primeras expediciones al Everest. Tras sortear un mundo de problemas incluso burocráticos, Nina se sube en su litera que sería llevada por cuatro hombres y comienza la aventura. En esta expedición se llevaban incluso mesas, sillas, alfombras, camas, (lo que se dice estilo alpino de toda la vida de Dios jajajaja).

De hecho, Nina llevaba una maleta con espejitos y cosas bonitas para las mujeres, en caso de necesidad (trámites burocráticos para pasar por zonas no permitidas o con mucho riesgo) así se ganaba el favor de los mandatarios (haciendo felices a sus esposas).

A falta de mapas fiables, iban por donde podían, entre matorrales, zonas tortuosas a las que se les añadía la persistente niebla que les obligó a acampar. En este entorno muchos porteadores querían dar la vuelta ante lo que se les avecinaba: el intenso frío: el glaciar.

Con el intenso frío las ubres de la vaca que llevaban se secaron, aprovechando para cocinarla al curry, plato que cayó como un tiro a la mayoría de los integrantes que sufrieron gastroenteritis, hasta el cocinero se vio aquejado de unas extrañas fiebres.

El mal ambiente creado por el cúmulo de problemas dieron mucho que pensar a Nina, ¿llegarían las viandas a tiempo para no morir de hambre? ¿cuánto podrían resistir aquel frío y ambiente encrespado? Hasta el pelo tuvo que descongelarlo al calor de la hoguera.

Por fin llega la ayuda prometida en forma de viandas y un guía, el Soubah de Sikkin les lleva la alegría y las indicaciones de su rajá. Les explica que la zona donde se adentran extremadamente peligrosa, les cuenta que los pájaros caen al suelo dormidos, y no se despiertan jamás.

Días más tarde y una vez emprendido el camino, el guía les confiesa que no sabe dónde están, tendrían que atravesar las montañas para llegar a la aldea de Yangpoon. En este punto ya sufrían de dolor de cabeza, hemorragias nasales, náuseas, estaban a más de 4000m.

Tal era la ceguera de las Nieves que padecían que caminaban con los ojos tapados y sólo de vez en cuando levantaban un poco la tela para ver por dónde iban. La disyuntiva era volver sobre sus pasos o seguir y encontrar el valle.

Nina estaba deshecha, pero no podía llorar, sabía que la reacción de su esposo sería un «querida compórtate» (como siempre hacía). Ante la noticia que el guía había huido Nina ya no pudo más.

Pidió a su esposo dar la vuelta, ella liberaría a los porteadores de su carga (la llevaban a cuestas), que si su esposo la ayudaba podría ir caminando por la nieve con sus mocasines creados para la ocasión, no podía pedir más a los porteadores.

Tuya fue la idea de buscar el Everest, tú te empeñaste, y ahora ¿quieres volver a casa? pues no hay casa. Pocas veces había visto Nina a su esposo tan enfadado por lo que intentó suavizar su tono y recordarle que no tenían comida, ni madera para calentarse, ni siquiera medicinas.

Lejos de amedrentarla, Nina se armó de valor, se secó las ocultas lágrimas y asombrando a todos cogió las riendas del campamento, puso a los porteadores en fila, y les fue vendando los pies rajando para ello sus propios vestidos. Hasta su propio esposo se quedó sin habla….

Mientras Nina se hacía cargo del campamento, un amigo que iba con ellos comienza a caminar para buscar ayuda, alimentos y medicinas, a alguien que los pueda sacar de ahí, porque era eso o morir.

Nina trata de curar a todos los porteadores y sirvientes sus heridas, los puso en fila y fue curándoles los pies y los ojos. ordenó que se les diera té caliente a todos cada dos horas, para ello hizo arder todo lo que tenía, camas, libros, sillas, todo…, Tan intenso era el frío que una taza de té se congelaba a los pocos minutos.

A pesar de todas las vicisitudes que pasaba, Nina no podía dejar de adorar aquellas montañas, la vista del Everest la tenía sobrecogida de emoción, tanto que incluso con sus dedos congelados lo dibujó.

Después de horas cuidando a los enfermos, Nina llegó a tiempo a su tienda, donde cayó rendida, se acurrucó en el frío suelo junto a su esposo quien para su sorpresa la abrazó antes de entrar en letargo por el frío.

Tanta era la desolación de Nina al ver el estado de sus hombres y de ella misma, que sentía que la tristeza había llegado hasta a las montañas tan amadas por ella, que les había robado su belleza.

Al día siguiente llegó el amigo con 3 sherpas que llevaban varios sacos de arroz y leña. Para ello los tuvo que «secuestrar» a punta de pistola.

Gracias a esas provisiones la expedición pudo salir del glaciar y en unos días llegar al monasterio budista de Pemionchi.

Los lamas les ofrecieron refugio, comida y cuando recuperaron las fuerzas les dieron mulas para volver a su casa tras dos meses de expedición y 900 km a pie. Sarah Elizabeth Harris Mazuchelli (nuestra querida Nina) fue la primera mujer occidental que vio el Everest.

Esto que os he contado es apenas una pincelada de lo que podéis encontrar en el libro The Indian Alps and How We Crossed Them, escrito por A Lady Pioneer (seudónimo que Nina utilizó para su libro).

Los dibujos que acompañan el texto son los que ella iba haciendo en la travesía y extraídos de la misma web.

Escrito por: @charoalvarez


Tras las huellas de Nina.

Aitor Tilla (@descuentor_com) – Hace unos días nuestra querida Charo nos traía a los debates de twitter esta fascinante y poco conocida historia. Sin embargo, durante la conversación pronto surgió una duda ¿hasta donde llegó Nina?.

Las dudas estaban originadas por el mapa de la época donde se trazaba el itinerario seguido, así como el relato del mismo. Y es que aparentemente, la expedición se quedaba muy lejos del Everest.

En ese mapa se puede ver como recorrieron prácticamente la frontera entre Nepal y Sikkim (provincia de la India) por la zona del Kangchenjunga. En su relato, Nina nombra distintos picos como el Junnoo (Jannu) o el Kubra (Kabru).

Todo indica que llegaron hasta el paso de Chunjerma La (más conocido actualmente como Mirgin La). Desde este paso, efectivamente las vistas del Jannu son espectaculares y pese a la lejanía, también este paso tiene su pequeña porción en la historia del Everest.

Y es que desde aquí se realizó el que posiblemente sea el primer esquema del Everest. En 1848 Joseph Dalton Hooker recogería sin saberlo la silueta lejana del Makalu y en segundo plano, el grupo del Everest.

Dalton Hooker: Choonjerma Pass – 1848
Hood Fitch Acuarela – 1850

Basándose en el esquema de Dalton Hooker, en 1850 Walter Hood Fitch pintaría una acuarela donde se podían apreciar mejor las distancias -y por tanto la altitud-, apreciándose en la lejanía el imponente grupo del Everest.

Esta acuarela fue pintada dos años antes de que el matemático indio Radhanath Sikdar identificara por primera vez el Pico XV como el pico más alto del mundo -aunque pasarían aun 4 años hasta que Waugh pudiese corroborar la altura-.

V. Sella. Everest desde Choonjerma La – 1899

En 1899, el célebre alpinista y fotógrafo Vittorio Sella realizó una expedición por la misma zona que Nina. Sella tenía una amplia trayectoria en los Alpes, siendo el primero en escalar el Cervino en invierno, pero también había viajado a Alaska o al Cáucaso.

Al pasar por el paso Chunjerma, realizó la que podría ser la primera foto del Everest -tal y como lo vió Nina-. A Sella lo podríamos considerar el padre de la fotografía de montaña y debido a ello, recibió una invitación a la expedición al K2 del Duque de los Abruzzos, la cual documentó con unas fotografías memorables.

Sin embargo, pese a que el paso Mirgin La -o Chunjerma- fuese el punto más lejano alcanzado por Nina, cabe la posibilidad de que también avistase el Everest desde otros lugares. En el mapa y en su relato cuenta como recorrieron la cordillera de Singalila. Hoy, más de 140 años después de su expedición, se trata de un famoso trekking cuyo principal reclamo son precisamente las vistas del Kanchenjunga y los lejanos Makalu y Everest.

Categorías: Reflexiones

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