Mientras toda la comunidad alpina miraba la incipiente temporada en el Himalaya, la peor de las noticias nos llegaba de las Montañas Rocosas. Allí una avalancha barría la cara este del Howse Peak (3.295 metros) llevándose consigo a David Lama, Hansjörg Auer y Jess Roskelley.

La pérdida de estos tres talentosos alpinistas ha dejado devastado a todo el mundo de la montaña. Y es que, aparte de su calidad humana, sin duda los tres pertenecían a la élite del alpinismo. Hablamos de ese selecto y pequeño grupo que hace evolucionar este deporte. Sin duda cada uno de ellos supone una pérdida irremplazable.

David Lama: Un alpinista de leyenda

El caso del más joven de ellos, el austriaco David Lama, sirve bien para ejemplificar la magnitud de la pérdida.

Hijo de un guía sherpa y una mujer austriaca, desde pequeño Lama vivió por y para la montaña. Ya a edades muy tempranas comenzó en la escalada en roca. A los cinco años, el joven David despertó el interés de Peter Habeler, quien durante un campamento vió en él un talento innato excepcional.

A partir de ahí pasó a entrenar bajó la mirada de Reinhold Scherer, dominando las pruebas de escalada juveniles tanto europeas como mundiales. Participó con un permiso especial -ya que aún no había cumplido 16 años- en el Campeonato del Mundo, ganando dos de sus pruebas.

El cerro Torre

En 2010, Lama se enfrentó a uno de los retos más codiciados por los escaladores de toda época: el Cerro Torre. Durante su intento de escalada, protagonizó el único episodio polémico de toda su carrera. Y es que, aunque Lama escalaba en libre, para asegurar al equipo de filmación de Red Bull se introdujeron más de 60 bolts nuevos en la célebre vía del compresor.

Lama volvió al año siguiente con ánimo de completar la ascensión. Su presencia generó mucho revuelo, en parte por la polémica anterior. De hecho, no tardaron en aparecer algunas voces que cuestionaron su estilo. Sin embargo, el propio Lama disiparía todas las dudas con una expedición ejemplar.

Por desgracia, las condiciones climatológicas le obligarían a abortar este nuevo intento, pero dejaría claro cual era la filosofía del genial austriaco. Aquel 2011 supondría su retirada del circuito de escalada deportiva.

Al año siguiente, Lama volvió a probar el Cerro Torre, haciendo gala de otra de sus cualidades: la perseverancia. En esta ocasión lograría junto a Peter Ortner la que sería la primera ascensión en libre por la vía del compresor. Por ésta actividad recibiría una mención especial en los Piolet de Oro de 2013.

De escalador a alpinista

Esa cima no sólo lo encumbró a la élite alpina, sino que también le sirvió de catarsis. Algo cambió en su forma de concebir su actividad. «Hubo un cambio de mentalidad en mí en ese momento. Empecé a pensar algo menos como escalador y más como alpinista». A partir de ahí, sus retos se aproximarían a una visión más clásica del alpinismo, como su ascensión en las Torres del Trango o el Chogolisa.

«Una primera ascensión que es de alta calidad en cuanto a su estética, dificultades y estilo representa mi ideal personal.» Con esta filosofía clara, donde prima la exploración y la dificultad por encima de otras modas como la velocidad, Lama empezó a plantear retos cada vez más audaces.

En búsqueda de la exploración y la dificultad

Ello le llevó a buscar montañas quizá no tan famosas como los ochomiles, pero que le brindaban la oportunidad de desplegar esa forma tan pura de entender el alpinismo. Muchos son los testimonios de esta búsqueda personal. Hervé Barmasse comentaba: «Recuerdo a David y su pregunta: ¿Cuáles son según ustedes las escalada del futuro? ¿Esas “Outstanding”? «.

Y vaya si las encontró, su intento a la inédita arista sureste del Annapurna III junto al también desaparecido Hansjörg Auer o las expediciones al Lunag Ri -que finalmente consiguió ascender en solitario- así lo atestiguan. Otro buen ejemplo era su proyecto, ahora inconcluso, en el Masherbrum -nuevamente con Auer y Ortner- del que dijo exultante que era «una de las rutas más difíciles del mundo… es como ascender al Eiger pero con el Cerro Torre encima.«

Una pérdida mayúscula

Si analizamos la historia del alpinismo siempre vemos figuras que marcan el camino. Ocurrió con Mummery al rechazar la escalada guiada en los Alpes y buscar rutas difíciles. Con Buhl proponiendo estilos ligeros en montañas de gran altitud o con Messner, quien inspirado en el anterior, llevó el estilo alpino y el alpinismo en general a su máxima expresión.

El otro día escuché a un buen amigo explicar la magnitud de la pérdida a un profano en estos temas. Para ello decía que «es como si hubiese muerto Messi«. Sin embargo, mi sensación es peor. De estos alpinistas, pese a tener ya ascensiones muy meritorias, solo atisbábamos su potencial. Ya eran grandes, pero estaban llamados a ser leyenda.

Hoy en día, todo el mundo a distinto nivel, en el alpinismo sigue el camino marcado por Messner. Su figura es omnipresente, tanto en literatura cómo referencia de estilo. Tal es su dimensión que cuesta imaginarse como habría evolucionado este deporte -que es más que un deporte- sin la existencia del tirolés. Por desgracia, ahora el alpinismo tendrá que caminar sin el frontal de Lama, Auer y Rosskelley que apenas empezaba a alumbrar el camino a seguir.


Aitor Tilla

"El alpinista es quién conduce su cuerpo allá dónde un día sus ojos lo soñaron" - Gaston Rebuffat

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